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Kaivalya es una escuela de Yoga dirigida por Isabel Cervantes, con más de 24 años dedicada a la transmisión y enseñanza del yoga, formada en Hatha Yoga, Kundalini Yoga, Canto Védico, Meditación Transpersonal y Mindfulness, así como en otras disciplinas relacionadas con el yoga y el crecimiento personal.

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Por qué es importante conectarse con la naturaleza para relajar la mente

Venimos de la naturaleza y hacia ella vamos. Desde la antigüedad, los seres humanos nos hemos caracterizado por nuestro interés de descubrir en la naturaleza el ritmo vital de todas las cosas, desde los astros hasta los organismos más pequeños que nos rodean. Y aunque los avances puedan sorprendernos, nunca estaremos cerca de abarcarlo todo.

Sin embargo, ese ritmo ha permanecido entre nosotros desde siempre porque no somos ajenos a la misma naturaleza, lo hemos heredado de nuestros ancestros, y con las exigencias y el ruido de la vida moderna solemos olvidarnos de esta incuestionable verdad.

¿Pero en qué consiste ese ritmo? Tiene que ver justamente con el devenir tranquilo y fluido de lo que acontece en un ambiente natural. Por ejemplo, si se está frente al mar, existe allí ese vaivén que nunca acaba, si el escenario es un lago, la brisa y la tranquilidad también delatan un fluir sin contratiempos, al igual que permanecer en medio de un bosque o junto a un arroyo.

Cada vez son más frecuentes los estudios publicados en los que se comprueba que escuchar sonidos de la naturaleza genera efectos de relajación en las personas. Tal sensación puede deberse a que esta fue nuestro primer hogar, de manera que estamos condicionados desde lo más íntimo de nuestro Ser.

No importa cuán atareados estemos, existe en nosotros un algo que va a responder a la estimulación con entornos naturales. Ese algo ha sido denominado por algunos especialistas como conciencia primitiva, un estado de relajación que evoca nuestra conexión inicial con un todo superior, como sucede dentro del ambiente de las clases de yoga en Barcelona.

La necesidad de volver al hogar 

Llamamos hogar a ese sitio en donde nos sentimos perfectamente cómodos, no solo en lo que a términos materiales se refiere, sino al confort, a la seguridad, a la felicidad que puede generarnos un espacio específico, y la madre naturaleza dejó su impronta en nuestras conciencias desde hace muchos siglos atrás.

De ella hemos obtenido todo lo necesario para estar en donde nos encontramos hoy, la vivienda, el auto, el empleo que tenemos es gracias a nuestra adaptación y capacidad para cambiar el medio. Y tanto lo cambiamos que el alejamiento que causamos nos está enfermando.

El estrés, la ansiedad, los problemas cardíacos y la depresión, entre otros factores, están asociados a una vida que permanece en constante distracción de lo esencial, que no descansa realmente, que se mantiene en permanente competencia por alguna cosa como el trabajo, que ayuda a cubrir los gastos para vivir.

Somos el modelo perfecto de nuestros hijos

¿Y de qué nos sirve vivir si no lo estamos haciendo bien? Según la OMS, una de cada cuatro personas a nivel mundial sufre de algún trastorno mental, entre los que se destaca el estrés, que también puede ser el detonante para la depresión.

Este cuadro se agrava si consideramos que nuestros hijos son los principales receptores de nuestras preocupaciones, lo que quiere decir que a través de ellos extendemos nuestro mal. Los intentamos formar para un mundo que nos puede parecer difícil, competitivo y hasta peligroso, y sin embargo ¿estamos haciendo todo lo necesario?

Cuando volteamos nuestra mirada sobre ellos, quizá lo primero que nos viene a la mente es su seguridad y la importancia de ayudarlos a que se puedan desenvolver por sí mismos. Para ello debemos tener en cuenta otros factores importantes además de los materiales.

Su mente, su cuerpo y su espíritu necesitan ser cuidados y alimentados con más atención de la que le podríamos proporcionar a cualquier otro asunto, y porque nos importan tanto, tenemos la tarea de recordar nuestra conexión con la naturaleza como algo primordial para el equilibrio de todo su Ser.

Intensivos de Yoga en la Naturaleza de Kaivalya Escuela de Yoga.

La importancia de la conexión

El biólogo marino Wallace J. Nichols plantea que conservamos una mente azul, refiriéndose a la relevancia del mar. Cuando se está cerca del agua, se activa un estado de leve meditación, de calma, de paz. Esto posibilita que el cerebro entre en un estado diferente al de la calma absoluta, le provee de una tranquilidad que le permite realizar otras conexiones.

Tales conexiones, distanciadas del bombardeo cotidiano de información y enmarcadas en un ambiente de agua, pueden generar en el individuo nuevas ideas que antes ignoraba, puede traducirse en un aumento de su creatividad, puede ayudar a reducir la irritabilidad y mejorar la concentración.

Y prosigue, cuando se está frente al mar, por ejemplo, o a un arroyo, se genera un leve estado de atención que nos induce a un estado meditativo en el que la mente se enfoca, sin el ruido cotidiano, en una sola cosa. Ese momento de tranquilidad nos conecta con el entorno y nos llena de felicidad, una felicidad compartida con ese todo del que somos una minúscula parte, en el que el Yo se minimiza para dar paso al Nosotros.

Por otra parte, los investigadores Yoshifumi Miyazaki y Bum Jin Park de la universidad de Chiba en Japón, determinaron con sus experimentos que las personas reportaban una disminución del 16 % en la hormona del estrés llamada cortisol cuando daban paseos por el bosque, a diferencia de quienes paseaban por la ciudad, quienes sufrían mayor flujo sanguíneo en la amígdala que procesa el miedo y la ansiedad. Sostiene Yoshifumi Miyaza, que nuestros cerebros fueron acondicionados para descifrar estímulos provenientes de arroyos y plantas, mas no de asfalto, tráfico y rascacielos.

Por último, gracias a los beneficios del yoga, nuestros hijos tienen la oportunidad de aprender a desarrollar desde temprana edad métodos que le ayuden a crear esta conexión real con la naturaleza, lo que redundará en los beneficios antes mencionados, y otros como la flexibilidad de criterio, mejor disposición para la contemplación, facilidades para la observación, calma y estabilidad emocional, la desaparición de los episodios de ira, el apaciguamiento de la mente y una mejora en la calidad del sueño que los hará más felices.

Con ello, nos aseguramos que su crecimiento no solo esté supeditado a las exigencias de sobrevivir en un mundo cada vez más veloz y competitivo, sino que también pueda, desde la tranquilidad de su interior fortalecido, realizar aportes que los beneficien tanto a ellos como a su entorno, sin perder la conexión con la naturaleza que es fuente de vida.

Volver al ritmo primordial entonces tendrá sentido si tomamos de la mano a nuestros pequeños y damos más paseos al campo, al bosque, a la playa o a cualquier otro sitio que nos provean de la tranquilidad necesaria para equilibrarnos en todos los órdenes de la existencia.

Lo mismo si tomas clases de yoga en Barcelona, debes asegurarte un ambiente rodeado de lo natural, alejado del ruido externo y el ajetreo de la ciudad, un espacio que signifique ese estado de “fascinación suave” que describe el biólogo marino Wallace J. Nichols, que es la felicidad de volver a la naturaleza.

Intensivos de Yoga en la Naturaleza

En Kaivalya Escuela de Yoga Barcelona te invitamos a formar parte de los Intensivos de Yoga en la Naturaleza, donde hacemos salidas de fin de semana a entornos naturales para desconectar de la cotidianidad y vivir en plenitud con la madre Tierra.

 

«Sé valiente y sigue adelante que las Estrellas guiarán tus pasos».
Isabel Cervantes
Directora de Kaivalya Escuela de Yoga Barcelona

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