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Masaje Infantil, Porque La Piel Es El Primer Lenguaje. Foto: Peoplecreations

Masaje infantil: la piel como primer lenguaje

“Hablamos con el niño y nos comunicamos con él a través de las manos.

El tacto es el primer lenguaje.

Una piel habla con la otra piel y de la piel se derivan todos los demás órganos sensitivos, y éstos a su vez son como ventanas en la pared de la piel que nos encierra y separa del mundo.

La piel del recién nacido tiene una inteligencia y una sensibilidad inimaginables”

Frederick Leboyer

“Nacimiento sin violencia”

 

La piel del ser humano tiene una inteligencia inimaginable. En las últimas décadas estamos viendo cómo médicos y pediatras vuelven a poner de relevancia la importancia del tacto, las caricias y el masaje infantil para crear un vínculo seguro entre el bebé/niño y sus padres.

Estudios realizados en la Universidad de Colorado y en otros países, demuestran que los niños cuyas madres tienen dificultad en acariciarlos y abrazarlos durante el primer año de vida, sobretodo, tienen tendencia a sufrir retrasos en su desarrollo y crecimiento. En la edad adulta, suelen ser personas tímidas, retraídas, con problemas para relacionarse, llegando a veces a tener un comportamiento violento.

El origen del masaje infantil es milenario. En la India, es una tradición ancestral que pasa de madres a hijas.

A occidente el masaje infantil llega de la mano  del obstetra francés Frederic Leboyer. Lo descubrió en Calcuta observando a una madre que se lo había a su hijo.

Le cautivó tanto ese momento mágico, el amor que desprendía la madre hacia su hijo que le hizo sentir la riqueza que tenían en esta sociedad más allá de lo material. De ahí surgió el libro de masaje infantil que publicó posteriormente, titulado Shantala.

Una experiencia similar tuvo Vimala MacClure  en un orfanato de la India a sus 18 años.  Allí aprendió de madres y abuelas este antiguo arte que surge de las manos y del corazón, y que deja un impacto tan claro en los cuerpos, mentes y espíritus de quien lo recibe (libro: masaje infantil, Vimala Schneider).

Vimala, en los años 70, crea la Asociación Internacional de Masaje Infantil, creando un protocolo de masaje infantil mezclando varias técnicas: masaje hindú, sueco, reflexología y algunos estiramientos de yoga.

Como dice el antropólogo Dr. Ashley Montagu -el máximo estudioso científico sobre el tema del tacto-: “Los seres humanos no pueden sobrevivir sin el tacto; es una necesidad básica”. Según sus estudios y observaciones, asegura también que «una experiencia táctil inadecuada tendrá como consecuencia una incapacidad para relacionarse con los demás en muchos aspectos humanos fundamentales».

El sentido del tacto se desarrolla entre las 6 y 9 semanas de gestación. Desde ese momento el feto recibe dentro del útero un “masaje” constante. 

Es el primero que desarrollamos al nacer, y también el principal medio de comunicación de los bebés. En ningún otro momento de la vida el masaje será mejor recibido que cuando el bebé prepara su cuerpo para empezar a andar y a moverse. Durante esa etapa, el niño necesita un contacto físico continuo que se logra idealmente con el masaje infantil.

¿Qué significa la palabra masaje?

Masaje es contacto, caricia, sensación, emoción… elementos que hacen que se cree un vinculo sano-seguro-confianza con la otra persona.  Podemos definir el masaje como el arte de acariciar, de tocar con tacto, con amor, ternura, con los ojos del corazón y del alma.

Cuando hacemos masaje infantil a un bebé o a un niño, nos conecta profundamente a su alma y a su persona, llegando a conectar con sus necesidades a través del lenguaje no verbal, que nos hace estar presentes a sus necesidades a través de sus miradas y sus gestos. 

Esta escucha silenciosa y respetuosa es la que hace que se cree un espacio de comunicación que nos vincula desde el corazón.

 

En 1976 dos profesores americanos de pediatría, Marshall Klaus y John Kennell ya hablaban en sus estudios de la importancia de crear vínculos afectivos sanos con nuestros hijos a través del contacto físico y  del tacto como las caricias, los abrazos y los besos.

He aquí la importancia del masaje infantil, ya que el masaje a temprana edad cubre necesidades tan básicas como calor, apego, sustento emocional, contención, descarga energética, seguridad, confianza, amor, etc., aumentando la capacidad de aprendizaje del niño y el resto de sus habilidades.

El masaje tiene enormes beneficios para el organismo de bebés y niños.

Aprenden desde  pequeños a dar y recibir con generosidad y respeto, a ser más tolerantes y empáticos con el entorno, reduciendo conflictos sociales como la violencia, los abusos, etc.

Otros de los múltiples beneficios que tiene el masaje infantil: ayuda al proceso de mielinización de las neuronas para la formación del sistema nervioso central, favorece el sueño, ayuda a la formación del sistema inmunológico, digestivo, respiratorio.

También estimula la formación de los sistemas sensoriales, motores y cognitivos del niño. Incrementa la atención, refuerza la interacción. Además ayuda a liberar las tensiones físicas y emocionales.

Según estudios realizados por el Instituto de Investigación del Tacto (Touch Research Institute, TRI) en los Estados Unidos, Tiffany Field, de la Universidad de Miami afirma que los masajes tienen efectos curativos contra una serie de dolencias, como cólicos, hiperactividad, diabetes y migraña.

Reducen la ansiedad en adolescentes depresivos, mejoran la concentración en niños autistas y ayudan en la respiración de niños asmáticos. 

“Afirma también que las investigaciones sugieren que el contacto cutáneo es tan importante para bebés y niños como el comer o el dormir.” Concluye diciendo que una interacción amorosa, como el masaje infantil, puede afectar directamente al desarrollo emotivo del niño y su capacidad de manejar el estrés en la edad adulta.

 

“¿Alimentar al niño?

SI,

Pero no solamente con leche.

Hay que tomarlo en brazos.

Hay que acariciarlo, acunarlo y masajearlo.

Hay que hablar a la piel del pequeño.

Hay que hablarle a su espalda

que tiene sed y hambre

igual que su vientre”.

Frederick Leboyer.

 

También han demostrado que bebés prematuros y hospitalizados presentan avances considerables cuando se les somete a masajes y caricias. Se sienten más tranquilos, aumentan de peso (47% más que los prematuros sin contacto físico), y disminuyen su permanencia en el hospital, por lo menos en una semana.

Otros estudios también demuestran que quienes durante su infancia no recibieron caricias de sus padres son más proclives a mostrar dificultades para dar o recibir afecto, a mantener una postura corporal rígida y tienen limitaciones para expresar su emotividad. Como consecuencia de esta carencia, estos sujetos manifiestan una tendencia a evitar el contacto físico con los demás y lo ven como algo inapropiado.

En sus obras, Ashley Montagu ya alertaba del fenómeno que estamos viviendo actualmente en nuestra sociedad. Él decía: «Hemos producido una raza de intocables. Nos hemos vuelto extraños unos para con otros. La capacidad del hombre occidental para relacionarse con sus prójimos ha quedado muy atrás respecto a su habilidad para conversar con las computadoras, comunicarse con los coches y hablar con los juguetes».

James Coan, profesor de psicología en la Universidad de Virginia, que ha estudiado las implicaciones del contacto humano con la resonancia magnética, ha descubierto que «cuando cogemos la mano de no importa qué persona, nuestro cerebro reduce la producción de las hormonas del estrés, al mismo tiempo que disminuye la actividad de las regiones cerebrales que reaccionan ante el miedo», explica.

Podríamos hacer referencia a multitud de estudios y testimonios de muchos padres y educadores que experimentan a diario los beneficios del masaje infantil, pero todos ellos remiten a lo mismo: LA IMPORTANCIA DEL MASAJE Y LAS CARICIAS desde la más temprana edad para crear un vínculo afectivo basado en la seguridad y en la confianza que harán que los niños crezcan con una autoestima basada en el amor, el respeto y la tolerancia hacia ellos y hacia el entorno, creando así una sociedad más empática basada en la mutua cooperación.

Y para finalizar, quiero compartir un testimonio de un Jefe de una tribu de África, que a sus 80 años, todavía evoca los recuerdos del contacto y las caricias con su madre cuando era un bebé.

Kabongo, jefe de la tribu Kikuyu del África oriental,  evoca en estas líneas el significado que reviste el contacto cutáneo con la madre y, sobre todo, con el pecho materno: 

«En mi mente, mis primeros años son  inseparables de mi madre. Al principio, ella estaba siempre presente;  puedo recordar la tranquilidad que sentía contra su cuerpo cuando me llevaba sobre sus hombros, y el olor de su piel bajo el sol ardiente.

Todo provenía de ella. Cuando tenía hambre o sed, ella me colocaba junto a sus pechos repletos de leche.

Todavía recuerdo con gratitud, al cerrar los ojos, el bienestar que me invadía cuando hundía la cabeza entre sus suaves senos y bebía la dulce leche que me entregaban.

De noche, cuando el sol no podía ya calentarme, ella lo reemplazaba con sus brazos y su cuerpo; y cuando, al ir creciendo, empecé a interesarme por las demás cosas, su espalda me ofrecía un lugar seguro para observar, sin temor alguno, cuanto me rodeaba y cerrar los ojos en cuanto me invadía el sueño.”

De «El sentido del tacto», de Ashley Montagu, Ed. Aguilar, Madrid, 1981.

 

 

Natàlia Molina López

Educadora de masaje y reflexología Infantil

Profesora de Yoga para Niños y Adolescentes Método Suryakiranam

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