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Kaivalya es una escuela de Yoga dirigida por Isabel Cervantes, con más de 24 años dedicada a la transmisión y enseñanza del yoga, formada en Hatha Yoga, Kundalini Yoga, Canto Védico, Meditación Transpersonal y Mindfulness, así como en otras disciplinas relacionadas con el yoga y el crecimiento personal.

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Enseñar A Meditar A Los Niños Meditacion

ENSEÑAR A MEDITAR A LOS NIÑOS

Enseñar a meditar a los niños.

Los niños son curiosos, les encantan las sorpresas, lo nuevo, lo desconocido.

Preguntan y preguntan……………hasta que se dan cuenta de que los adultos “no responden” pues “no escuchan”.

Los niños viven en el presente por naturaleza, pero observan a su alrededor a los adultos correr de aquí para allá y tirar de ellos en la misma dinámica, por lo que, al cabo de un tiempo, los niños también tienen la sensación de “no tener tiempo”, y empiezan a sentirse estresados por un exceso de estímulos.

El cambio está en los adultos no en los niños pues aprenden de nosotros. Por lo que somos nosotros los que debemos iniciar la gran transformación en nuestras vidas, en nuestros ritmos cotidianos,en nuestras prioridades. Sólo así, a través del ejemplo, les ofrecemos un espejo en el que reflejarse y entrar a jugar y experimentar.

enseñar a meditar a los niñosAl principio cuando acercamos la meditación a los niños pueden tener varias reacciones, desde sentirse muy curiosos a mostrarse poco interesados y decirnos que están cansados o aburridos.

Pero si introducimos juegos sencillos que los acerquen a sentir lo que es es la “atención plena” les ayudamos a sentir de nuevo el momento presente, a valorar y disfrutar lo que viven en su día a día. 

Los ejercicios de respiración ayudan mucho. Nada más que observar y sentir el fluir de la respiración por la nariz ya es en sí una práctica de concentración. Es el paso inicial que les conecta con el cuerpo y con el momento presente.

Los ejercicios respiratorios pueden ser más complejos, pueden tener pequeñas pausas respiratorias o ser acompañados de sonidos.

El efecto de la respiración consciente es enorme, nos trae de repente al aquí y al ahora, nos devuelve al presente y nos conecta con el cuerpo.

 Y cuando conectamos con el cuerpo y la respiración, nuestra mente comienza a aquietarse.

Por eso es tan importante enseñar a los niños a respirar, pues les estamos ofreciendo una práctica que les va acompañar en sus vidas como el más fiel amigo.

Como los niños imitan a los adultos, podemos ser un ejemplo de aquello que queremos enseñarles.

En vez de decirles en un tono amable pero en el fondo autoritario, que se sienten a respirar, podemos hacerlo nosotros, sentarnos y cerrar los ojos. Si nos mantenemos tranquilos y no abrimos los ojos para ver su reacción, su curiosidad es tan grande que se sentarán a nuestro lado a imitarnos. 

Son muchas las madres que me han comentado cómo sus hijos se les añadían en sus meditaciones matinales, sentándose a su lado, cerrando los ojos y acompañándolas unos minutos, y a veces toda la meditación, incluso aprendiendo a recitar el mantra que la madre estaba practicando.

Ser un buen ejemplo de lo que creemos que va a beneficiar a los niños, es la mejor semilla que podemos plantar. Ellos con su curiosidad ya se encargarán de regarla y hacerla florecer.

La forma en la que nos comunicamos con los niños y adolescentes es crucial para obtener buenos
resultados. El sentido del humor y el afecto son las varitas mágicas que bien usadas nos ayudantirar abajo resistencias y miedos, aumentando la confianza y el vínculo con los niños.

Introducir meditación y mindfulness en la vida de los niños no tiene por qué ser complicado.

Podemos sugerir una práctica-juego un par de veces por semana. Desde hacernos conscientes del agua cuando nos duchamos, a la textura de las sábanas cuando vamos a dormir, o percibir la caricia del aire cuando van al parque a jugar, son algunas de las muchas ideas que pueden surgir.

Lo importante es conseguir crear interés y mantenerlo el suficiente tiempo como para que tengan una experiencia que les provoque más curiosidad, que quieran repetir y probar otros “juegos” de toma de conciencia. Y sobre todo, ser nosotros los protagonistas.

Una práctica que siento indispensable en los tiempos actuales es la de “no correr” todo el tiempo, parece que estamos todos apuntados a una carrera de la que nunca vemos la meta. Y ese apresuramiento lo contagiamos a los niños. 

 

Si observamos a las personas cuando caminan por la calle lo hacen o rápido si tienen prisa o van inmersos en sus pensamientos a menudo acelerados, o están mirando el móvil y enviando/recibiendo mensajes. Casi nadie mira ya el cielo en las ciudades.

Así que una de las prácticas de mindfulness y meditación que propondría para niños, es la de caminar por la calle y hacerse consciente del color del cielo, del tipo de nubes y sus texturas. 

¿Dónde quedaron aquellos tiempos en los que teníamos tiempo para imaginar figuras en las nubes?

Vivir el momento es salud y bienestar, es tener la capacidad de canalizar las emociones de forma
consciente.

Hace unas semanas una niña de 10 años vino muy acelerada a su práctica de Yoga semanal. Tuve que dedicarme a ella especialmente pues era tal su aceleración que las lágrimas le caían en torrente sin saber qué le sucedía. Le expliqué de la forma más sencilla posible lo que es vivir el momento, el regalo de la “presencia” en lo que hacemos, como el mejor camino para volver a respirar y sentirnos mejor.

Cuando estábamos finalizando la clase pintando mandalas y unas amiguitas no paraban de hablar, me sorprendió cuando les pidió que por favor hablaran más bajito pues ella estaba disfrutando desde la presencia ese instante mágico de pintar mandalas!

Recordemos que los niños aprenden, crecen y se convierten en adultos siguiendo nuestros pasos. Seamos un ejemplo para ellos, seamos fuente de inspiración transmitiéndoles confianza, tranquilidad,
entusiasmo, alegría, paciencia… todas aquellas cualidades que son los bastones de una vida plena y llena de luces de colores.

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